“Si dejás de ser lo que eras, la imagen debe cambiar”

Detrás de escena / Diseño de imagen

El diseñador gráfico Martín Gorricho contó acerca de cómo elaboró la nueva marca visual e identitaria del Teatro Nacional Cervantes.

Martín Gorricho

“Mi trabajo fue, inicialmente, ayudar a repensar la imagen, cómo el teatro iba a ser percibido y cómo se iba a comunicar visualmente, cuál iba a ser el código visual que este año se implementó”, dice Martín Gorricho, la cabeza detrás de los programas de mano, los afiches callejeros, las publicaciones y todo el diseño comunicacional del TC-TNA desde 2017.

¿En qué te basaste para rediseñar la identidad del teatro? ¿Por qué crees que era necesario?

Toda la primera etapa fue de mucha investigación: entrevistas a los directivos y varias personas de la nueva gestión, gente que está hace 20 años en el teatro y gente del mundo del teatro que no trabaja en el Cervantes. Sobre esa base, se hizo un diagnóstico de cuál era la imagen percibida del teatro y cuál era la imagen deseada por la nueva gestión. La devolución de esa primera etapa la arranqué con una cita que había escuchado: “Al San Martín se va en zapatillas y al Cervantes, no”. La gente entendía que este teatro revestía una solemnidad, una postura o una seriedad que no podías venir en zapatillas. Nuestra idea era que sí, que se podía. La institución no es dueña de su imagen: es lo que la gente percibe, y la gente percibe independientemente de lo que uno quiere. La identidad es todo lo que vos vas a hacer como institución para mejorar esa imagen percibida.

¿Cómo se traduce esta búsqueda identitaria a un plano visual?

La cuestión identitaria es qué, cómo y a quién. Nunca es una respuesta superficial. El laburo identitario no opera sobre las cosas de manera cosmética, se construye un relato visual que tiene que ver con lo que querés comunicar. Para esto se armó un mapa semántico donde se incluyeron las palabras ficción, riesgo, abierto y otros conceptos que queríamos que integren el universo de lo que queríamos decir. Después, en función de eso, aparece lo visual a dar respuesta: tipografía, color, etc. son, en realidad, respuestas a esos objetivos. Con el cambio de gestión cambió mucho la propuesta del teatro y era necesario un cambio de imagen que acompañe esa nueva propuesta. Hay que ser honesto con la audiencia, si dejás de ser lo que eras en términos de producción, la imagen debe cambiar. La idea era alinear la propuesta de producción con la imagen del teatro, que tuviera todo una misma identidad.

¿Cómo es el proceso del diseño de cartel de cada obra?

Sé que trabajo con los mismos cinco colores, la misma tipografía, la misma retórica, cierto código que no tengo que pensar para cada obra. Después está lo especifico: texto, bocetos de vestuario y escenografía. Muchas veces hay un proyecto donde el director cuenta qué quiere hacer. Entonces yo trabajo con eso, voy leyendo, tomando apuntes, dibujando bocetos. Después bajo al teatro un diseño final y ahí las diseñadoras adaptan eso al programa de mano, a la vía pública, a la web, etc.

¿Cómo fue el proceso de hacer los afiches de Copi?

Larguísimo y divertido. Le dimos muchas vueltas. Participan siempre muchas cuestiones que no son estrictamente comunicacionales. Copi es un autor sumamente contestatario, muy provocador. Lo que suceda dentro del teatro es una historia, porqué la gente elige venir acá, pero lo que el teatro ponga en la vía pública es sensible. No es la intención de salir a provocar para que la gente reaccione, aun cuando la puesta de Copi sea de un espíritu tan contestatario.

¿Cómo fue el proceso para diseñar el afiche de La terquedad?

La única información que tenía de La terquedad es que transcurría en la guerra civil española y, ante esta premisa, armé un afiche más serio, con una foto documental de un fusilamiento de la guerra civil española, una imagen donde el que estaba por ser fusilado se notaba orgulloso, con un pelotón de fusilados detrás. Pero cuando luego recibo el texto y lo leo completo, pedí que no impriman el que había quedado, porque la obra era un delirio. Tiene un humor, un desprejuicio y una libertad formal, que el afiche que había quedado no la representaba. Comencé a pensar otra cosa. La obra era demasiado compleja y no podía ni quería hacer un afiche que cuente toda la obra. Terminó siendo una cabra sola parada en una piedra. Por un lado, la piedra aparece en escena y las cabras aparecen desde el principio de la obra, nunca están, pero las remiten, “las cuatro cabras que se roban los rojos”. Quería hacer un planteo más lúdico y absurdo de ese universo que iba a aparecer.

¿Cómo pensaron los afiches de las obras infantiles?

Las obras infantiles conforman un subsistema, son distintos. En el caso de Cyrano de más acá y la obra de Bigolates de chocote están a todo color, se abre la paleta. Pactamos desde un comienzo en el sistema de identidad que la paleta se abra para los afiches de las obras infantiles.

¿Cómo es el proceso de diseñar los programas?

Es muy distinto el afiche al programa. El afiche está pegado en una pared, la gente camina en la calle no queriendo ver el afiche y éste debe salir, asaltar a la persona que se encuentra en la suya. Deben ser pocos elementos y muy significativos. En cambio, al programa te lo dan en la mano y te lo quedás. Por lo tanto, me parece más interesante tratar de generar una experiencia, que algo les parezca divertido, emocionante al abrirlo.

¿Al pensar la nueva identidad tuvieron en cuenta al público joven?

No estaba dentro de los objetivos generar una identidad de teatro para jóvenes, no hubo esa búsqueda. Pero sí quisimos poner al teatro en la primera línea, transformarlo en un teatro de referencia y por esto se buscó una identidad que no fuera conservadora sino vital.

¿Como artista, tenés algún trabajo propio?

No me considero artista. Estudié en una escuela de artes visuales, formé parte de un grupo de jóvenes artistas y al cabo de dos años, terminé de confundirme completamente con el tema. No entiendo hoy, en el mundo del arte, qué hay que hacer para crear algo que sea significativo. Tengo ganas de volver a pintar pero desde un lugar más lúdico, sin que sea para un proyecto. Pero como me la paso trabajando, en los tiempos libres prefiero ver una serie o una película.

¿Para el año que viene va a haber algún cambio en la identidad?

Queremos que se siga reconociendo qué

es este teatro. No tiene sentido rediseñar la identidad porque el trabajo ahora es afianzar nuestra imagen. Pero me gustaría que haya una versión 2018 de esto mismo, con alguna variable que cambiara.


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